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Como favorecer la armonía en familia con niños durante el confinamiento

En las últimas semanas, desde que se decretó el estado de alarma en nuestro país, los adultos estamos sintiendo casi diariamente numerosas emociones, miedo, incertidumbre, tristeza, rabia, frustración, dolor, y en ocasiones, aunque sean contadas, también hemos podido sentir alegría. La pregunta es…. si nosotros estamos sintiendo y viviendo todas esas emociones, unidas además al estrés de intentar cumplir las exigencias del entorno en cada momento, ¿por qué damos por hecho que los niños y niñas no están viviendo las mismas emociones que nosotros?

El problema es que si a nosotros a veces nos cuesta reconocer y expresar adecuadamente nuestras emociones, no debemos olvidar que los niños suelen tener más dificultades para hacerlo.

Este hecho, al que en circunstancias normales podemos no darle mucha importancia, puede convertirse en una verdadera pesadilla al estar todos juntos las 24 horas del día, además encerrado en casa. Pueden surgir momentos y situaciones en las que los niños muestren conductas desacatadas, inadecuadas o no deseadas, como gritar, lanza objetos, protestar por todo o incluso agredir a las personas del entorno. Para intentar reducir la probabilidad de aparición de dichas conductas, los expertos recomiendan: 

  • Proporcionar estructura al día a día del niño, alternar actividades académicas con juego y momentos para compartir en familia, además de la colaboración en las actividades de la casa.
  • Facilitar la expresión de sentimientos, el planteamiento y la resolución de dudas por parte de los niños
  • Reducir las verbalizaciones en forma de órdenes (“pon la mesa”) o la tendencia a decirles lo que pueden o no hacer a través de negativas (“no hagas esto”)
  • Darles alternativas siempre que sea posible (entre opciones previamente seleccionadas por los padres)

mal comportamiento confinamiento niños

Sin embargo, es posible que aún así, aparezcan problemas de conducta. Si esto sucede, es recomendable:

  • Hacer una pausa y ver qué ha pasado realmente. 
  • Detectar la conducta inadecuada y valorarla, en función de la intensidad y gravedad de la misma, el adulto podrá ignorarla para que el niño no obtenga atención por parte de sus padres o deberá intervenir marcándole firme pero pausadamente, que es lo que está haciendo “mal” y, lo más importante, que es lo que se espera que haga en ese momento, es decir, cuál sería la “buena” conducta. 
  • Si tienes ganas de gritar, respira hondo y trata de bajar el tono de voz al hablar. 
  • Evitar la tendencia a atribuir intenciones en la conducta del niño que nada tienen que ver con la realidad (“me está tomando el pelo” “no puede ganar siempre el niño”), ya que ese tipo de pensamientos hacen que nuestra emoción negativa se intensifique, y por tanto que nos resulte imposible actuar de manera pausada y firme.
  • Si ves que va a hacer una trastada, intenta detenerle antes de que la llegue a hacer, explicándole las consecuencias que puede tener. Dirígelo hacia otra actividad como ver dibujos o leer un libro. 

Para que los niños sean conscientes de que su mal comportamiento puede tener consecuencias, hay que hacerles ver la responsabilidad que tienen sus acciones. Se lo debemos explicar de forma pausada y tranquila, y sin aspavientos. Una vez que estemos calmados, nuestros pequeños tienen que saber que su conducta, como la de todas las personas, tiene consecuencias en las personas de su entorno.

Igualmente es muy importante reforzar las conductas positivas, adecuadas o deseables de nuestros pequeños. Debemos hacer ver a los niños que si todos participamos y colaboramos con lo acordado se consigue una mejor convivencia. Por eso, también es aconsejable destacar los logros y celebrarlos. Ante el cumplimiento de las tareas, debemos ser positivos con nuestros hijos y premiarlos con algo que les guste, como por ejemplo, que elijan una película o dejarles ver 10 minutos más de dibujos animados.

De la misma manera, si no cumplen con lo pactado, pueden perder esos “premios” o al menos parte de ellos. Esos “castigos” se pueden consensuar con los niños para que se impliquen aún más en el cumplimiento de sus quehaceres diarios.

 

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